Hongos de la piel - Micosis cutáneas

Los hongos de la piel son un grupo de microorganismos capaces de causar diversas enfermedades de la epidermis y la dermis, conocidas genéricamente como micosis cutáneas (o dermatomicosis). Hongos de la piel - Pitiriasis Versicolor Hongos de la piel - Pitiriasis Versicolor También llamados micetos, los hongos están comúnmente presentes en la flora de la piel y en el medio ambiente, pero generalmente no constituyen un problema; de hecho, suelen "coexistir" con el organismo humano en estado saprofito, sin causar daños. Esto se debe a varios factores defensivos que protegen al cuerpo humano de su desarrollo excesivo. Sin embargo, en determinadas condiciones favorables, los hongos de la piel pueden convertirse en patógenos invasivos, comportándose como microorganismos oportunistas. En la práctica, estos hongos son capaces de "aprovechar" un estado de debilidad inmunitaria del organismo para aumentar sus colonias en la piel, hasta el punto de provocar una enfermedad. No es casualidad que las infecciones causadas por hongos de la piel se produzcan con mayor frecuencia durante el verano, cuando el calor y la humedad típicos de la época estival facilitan su crecimiento y propagación entre los individuos (dada la frecuentación de lugares concurridos, como piscinas y playas). La sintomatología asociada a las micosis cutáneas se manifiesta en los lugares de la piel y las estructuras anexas (por ejemplo, el cuero cabelludo, las uñas, los genitales o la superficie de la piel) que infectan.

HO1

La epidemiología varía de una forma de micosis a otra y está ampliamente influenciada por múltiples factores ambientales y subjetivos.
El diagnóstico se basa en el aspecto clínico de las lesiones, detectadas en el examen dermatológico, y en el examen microscópico y cultural del tejido infectado.

El tratamiento depende del lugar de la infección, pero generalmente implica el uso de antifúngicos tópicos u orales, dirigidos específicamente al hongo de la piel en cuestión.

Tabla de Contenido

    Características

    Los hongos son microorganismos saprofitos (es decir, viven en el medio ambiente alimentándose de sustancias obtenidas de otros organismos) o parásitos obligados de plantas o animales.

    Los expertos en micología son capaces de identificar y clasificar los micetos en función de su aspecto microscópico y del método de reproducción, que puede darse tanto de forma sexual como asexual. Los hongos que infectan la piel humana son de tamaño microscópico y pueden ser unicelulares y ovoides (como las levaduras) o multicelulares y filamentosos (como los mohos).

    Las especies patógenas para el ser humano pueden causar micosis, intoxicaciones o alergias. Las enfermedades atribuibles a su presencia también pueden ser sistémicas, es decir, pueden afectar a los órganos internos del cuerpo humano (un ejemplo es la aspergilosis, que afecta a los pulmones), pero son mucho más frecuentes las formas tópicas, es decir, localizadas en la piel. En general, las micosis cutáneas son superficiales y están causadas por dermatofitos o levaduras.

    Los micetos se transmiten con mucha facilidad y pueden superar la resistencia de las barreras del organismo e instalarse en la piel. Casi todas las especies patógenas se comportan como oportunistas, por lo que son capaces de imponerse en situaciones de inmunosupresión (terapia antibiótica prolongada o frecuente, uso de corticoides, quimioterapia, etc.).

    Además, los hongos de la piel proliferan en presencia de temperaturas cálidas, alta humedad, sudoración excesiva y estancada, mala higiene y variaciones en el pH de la piel.

    Principales tipos

    Los hongos pueden clasificarse en tres grupos principales:

    Dermatofitos

    son un tipo particular de microorganismos patógenos que infectan las capas superficiales de la piel (estrato córneo de la epidermis) y los anexos queratinizados (pelo, vello y uñas), lugares donde abunda la presencia de queratina (proteína rica en azufre), de la que se alimentan.

    A esta categoría pertenecen las especies Epidermophyton, Microsporum y Trichophyton.

    Los dermatofitos son responsables de las características máculas cutáneas en forma de roseta, con bordes afilados y evolución centrífuga (tiña). Algunos de estos hongos pueden infectar el tronco (tinea corporis), los pies (tinea pedis o pie de atleta), las uñas (tinea unguium) y los pliegues inguinales (tinea cruris). Estas infecciones constituyen aproximadamente el 40-50% de todas las micosis superficiales y se diferencian de la candidiasis en que sólo raramente son invasivas.

    Levaduras

    Son microorganismos unicelulares y no filamentosos que se reproducen muy rápidamente de forma asexual, localizándose en zonas corporales cálidas y húmedas (cavidad oral, axilas, pliegues submamarios, espacios interdigitales, región ano-genital, etc.).

    Muchas levaduras están normalmente presentes en la piel y no causan daños (casi siempre coexisten como saprofitas).

    Las levaduras más importantes en dermatología son: Candida albicans, Malassezia furfur y Cryptococcus neoformans.
    Dependiendo del agente micótico responsable y de la zona del cuerpo afectada, las manifestaciones cutáneas visibles pueden incluir edema, enrojecimiento y manchas descamativas de color blanco-rosado; casi siempre hay picor.

    Mohos

    Son hongos multicelulares y filamentosos que se reproducen sexualmente. Los mohos patógenos más comunes son: Alternaria, Aspergillus y Fusarium. Estos tipos de hongos son los principales responsables de las micosis profundas y sistémicas, mientras que sólo en raras ocasiones causan infecciones cutáneas y superficiales.

    Infecciones cutáneas por hongos

    Las micosis cutáneas causadas por hongos de la piel comprenden un grupo bastante heterogéneo de infecciones, tanto en términos de aspectos clínicos como de etiología. En general, estas patologías pueden distinguirse en dos tipos:

    • Superficial y cutánea: limitada a la capa superficial de la piel (epidermis), el pelo, las uñas y las mucosas (cavidad oral y genitales);
    • Subcutáneo: se extiende a la dermis y a las estructuras relacionadas.

    Las enfermedades de la piel debidas a los hongos pueden afectar a todo el mundo, independientemente del sexo y la edad. En la mayoría de los casos, las personas que desarrollan micosis cutáneas presentan una reducción de la respuesta inmunitaria, por ejemplo, debido a una alteración de las defensas locales (por ejemplo, un traumatismo con compromiso vascular) o a una inmunosupresión (por ejemplo, diabetes, SIDA, disbiosis antibiótica, etc.).

    La transmisión puede producirse de persona a persona, de animal (gato, perro, conejo, ratón y ganado) a persona y, raramente, de suelo y objetos contaminados a humanos. Las infecciones fúngicas más comunes de la piel son:

    Dermatofitosis

    Infecciones fúngicas que afectan a las zonas queratinizadas del cuerpo (estrato córneo, pelo o uñas). Los síntomas pueden ser diferentes, pero en la mayoría de los casos se trata de lesiones cutáneas, que sólo en raras ocasiones conllevan picor.

    Candidiasis

    Micosis que afectan principalmente a las zonas propensas a la sudoración, como la ingle, las axilas y las zonas interdigitales. A nivel de las mucosas, pueden infectarse la cavidad oral (por ejemplo, aftas), los genitales (por ejemplo, vulvovaginitis por Candida albicans) y el esófago (especialmente en individuos inmunodeprimidos).

    Pitiriasis versicolor 

    Infección micótica de la piel con la aparición de pequeñas manchas irregulares, planas y descamadas en el cuello, tronco, abdomen, brazos y cara. Lo característico de la enfermedad es la alteración de la pigmentación de la piel (discromía): las lesiones están hipopigmentadas o hiperpigmentadas y adoptan un color que va del blanco al marrón. De hecho, Las zonas de piel colonizadas, si se exponen al sol, obstruyen el paso de los rayos ultravioleta que, en condiciones normales, estimulan la producción de melanina.

    Factores favorables

    Las manifestaciones fúngicas se ven favorecidas por diversos factores que pueden comprometer las defensas locales y la capacidad del sistema inmunitario para responder a la infección.
    Estas condiciones incluyen:

    • Hábitos alimenticios erróneos
    • Higiene insuficiente
    • Estrés físico
    • El calor y la humedad excesiva
    • Situaciones de maceración crónica de la piel (sudoración excesiva, hábito de llevar ropa no transpirable)
    • Terapias prolongadas a base de antibióticos o cortisona
    • Defensa inmunitaria comprometida por patologías particulares (SIDA, tumores, diabetes, etc.)
    • Asunción de fármacos inmunosupresores

    Signos y síntomas

    Los síntomas de las infecciones fúngicas de la piel varían según el lugar (superficie de la piel, pelo, uñas, etc.), mientras que la virulencia del microorganismo y la susceptibilidad del huésped determinan su gravedad.

    En general, los hongos de la piel provocan manchas blancas o rojizas, asintomáticas o con un ligero picor en la piel, con un borde escamoso y ligeramente elevado.

    En algunas infecciones fúngicas, las lesiones son blanquecinas al principio y luego tienden a oscurecerse con el tiempo.

    La mayoría de las veces, la inflamación es escasa o nula, pero en ocasiones, cuando la inflamación es más grave, provoca daños en las estructuras implicadas, manifestándose como una enfermedad vesicular o bullosa repentina (normalmente, en los pies) o como una gran lesión blanda del cuero cabelludo que da lugar a zonas de alopecia (querion).

    Otros síntomas asociados a la presencia de hongos en la piel son la sensación de quemazón, la aparición repentina de vesículas y fisuras (especialmente en los pies), el engrosamiento de las uñas y la descamación del cuero cabelludo similar a la caspa.

    Diagnóstico

    En el momento del examen dermatológico, las infecciones fúngicas de la piel presentan un aspecto clínico bastante típico, que permite el diagnóstico en pocos minutos.

    En los casos en los que persisten las dudas, el dermatólogo puede tomar material biológico (escamas, pelos, cabellos o fragmentos de uñas), mediante escarificación o hisopos, del lugar de la micosis, y luego observarlo al microscopio o someterlo a una prueba de cultivo.

    Para el diagnóstico diferencial, el médico también puede utilizar la lámpara de Wood, que es capaz de detectar una fluorescencia típica (por ejemplo, amarillo dorado de Malassezia, verdoso para los dermatofitos, etc.) y excluir estas infecciones de las dermatosis no causadas por micetos.

    Una vez identificado el tipo de hongo cutáneo responsable de los síntomas clínicos (mediante un examen de cultivo), el médico puede prescribir una terapia específica.

    Tratamiento

    El tratamiento se determina según el tipo de dermatomicosis y el agente responsable. En general, existen antifúngicos locales (sprays tópicos, cremas, mousses, lociones, polvos, esmaltes de uñas, limpiadores y champús).

    Los antifúngicos orales se utilizan principalmente en las micosis cutáneas resistentes y en los pacientes que no cooperan o no pueden adherirse a regímenes tópicos prolongados; Las dosis de los fármacos y la duración del tratamiento difieren según el lugar de la infección.

    Para ayudar a aliviar el picor y el dolor, el médico puede indicar corticoides tópicos (como la hidrocortisona) durante los primeros días. En raras ocasiones, también se utilizan medicamentos corticosteroides orales para tratar las lesiones inflamatorias graves.

     

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Subir

    Usamos cookies para mejorar la experiencia de todos los usuarios en la web Política de Cookies